
La mayor vulnerabilidad de la mujer inmigrante
Una de las características de las migraciones contemporáneas que ha cobrado especial relevancia ha sido el crecimiento de la participación de las mujeres. En la actualidad el 58% de las personas migrantes del mundo son mujeres.
Aunque esta tendencia a la feminización se advierte desde los años sesenta, en los últimos años se aprecia un cambio en el patrón tradicional de la migración femenina, de "asociativo" (reagrupada) a "autónoma", porque cada vez mas las mujeres migran solas.
No obstante, las mujeres extranjeras en peor situación son las que no pueden actuar con independencia. Las instituciones españolas no han tenido en cuenta una perspectiva de género a la hora de elaborar el marco legal y la Ley de Extranjería establece que la mujer reagrupada tendrá un permiso dependiente del marido que autoriza a la residencia pero no al trabajo.
Eso implica que se relega a la mujer inmigrante a practicar unos roles sociales centrados exclusivamente al cuidado del hogar y a la reproducción, cuando la sociedad está avanzando en otro sentido. Esta situación de dependencia de su marido dificulta su integración en la sociedad de acogida como un sujeto activo y con necesidades y proyectos propios, asi como la denuncia y la resolución de situaciones de violencia de género.
A pesar de que se ha hecho un gran avance en la protección jurídica con el Plan de Protección a la mujer extranjera de enero de 2009 (Ministerio de Igualdad), en la práctica las mujeres inmigrantes maltratadas se encuentran sin redes familiares y sociales de apoyo, muchas de ellas con barreras lingüísticas o culturales, con dependencia económica y afectiva de su agresor y con su autoestima deteriorada y aisladas, todo lo cual las pone en riesgo de exclusión social.

- El 12,1% de las mujeres extranjeras declaran haber sido maltratadas por su pareja o ex pareja alguna vez en la vida, frente a una media del 6% de maltrato declarado por las mujeres españolas.
- El 4,8% de las mujeres extranjeras declaran haber sido maltratadas por su pareja o ex pareja en el último año, frente a una media del 2% en las españolas.
- El 7,3% de las mujeres extranjeras habría salido del maltrato (sufrieron maltrato por su pareja o ex pareja alguna vez en la vida pero no en el último año).
Además, las cifras de la violencia de genero en la población extranjera han seguido una evolución creciente durante estos últimos años, circunstancia que tiene su origen en tres elementos fundamentales:
1. La desigualdad entre hombres y mujeres son más manifiestas en algunos de los lugares de origen de una parte de la población extranjera, lo que origina que recurrir a la violencia se viva con "normalidad" por agresores y víctimas.
2. Las especiales circunstancias en las que se encuentran aquí en muchas ocasiones las mujeres extranjeras, ya sea por la carencia de redes de parentesco o amistad o por depender de las de su agresor, originan una inseguridad y dificultad superior a la de las mujeres españolas a la hora de romper con la violencia.
3. El grupo de edad en que se recurre más a la violencia y a los homicidios, tanto en españoles como en extranjeros, es el comprendido entre los 20 y los 49 años, y mientras que este grupo en la población masculina española representa el 46,9%, en la extranjera es el 64%, circunstancia que indica que en la población extranjera hay más hombres en la edad que da lugar a más violencia contra la mujer, lo que se traduce en una mayor incidencia de casos.
Seis de cada diez inmigrantes muertas por violencia machista tienen origen en África o Latinoamérica, continentes donde son especialmente frecuentes ese tipo de crímenes. Si en África las agresiones a la mujer se han convertido en un arma utilizada en los múltiples conflictos étnicos, la violencia sexista es un problema endémico en Latinoamérica.
En México fueron asesinadas, en el año 2005, 6.000 mujeres. En Guatemala, con 12 millones de habitantes, lo fueron 400 mujeres en 2006, con un porcentaje mínimo de casos resueltos. En los barrios pobres de Ecuador el 60% aseguran sufrir o haber sufrido violencia por parte de su pareja. En el resto de países la situación no es muy distinta.
Por otra parte, se encuentran algunas resistencias en las mujeres extranjeras para el acceso a los recursos, como son el recelo de algunas de ellas que por motivos culturales se niegan a ser examinados por médicos varones al ser atendidas por lesiones físicas o psíquicas, así como la desconfianza ante la Policía u otras instituciones públicas.
En lo referente a las muertes por asesinato, el porcentaje de víctimas extranjeras del 2004 al 2008 ha pasado del 22,9% al 44,3%. Por su parte, en el mismo periodo, los agresores extranjeros han pasado de representar el 22,2% del total al 38,6% (Ministerio de Igualdad).
En cuanto a la cifra de denuncias interpuestas por violencia de género por mujeres extranjeras entre 2002 y 2007 la misma ha sido del 26,6% de las denuncias totales interpuestas, suponiendo en 2007 el 33,3% del total de denuncias ante las Fuerzas de Seguridad del Estado (Ministerio del Interior).
Por todo lo cual debe prestarse una atención especial a las mujeres extranjeras, quienes al hallarse en una situación de doble discriminación requieren de un esfuerzo adicional que mejore su calidad de vida e impida que queden en riesgo de exclusión social. A esos efectos se aprobó en enero de este año el Plan de Atención y Prevención de la violencia de genero en población extranjera inmigrante.

Estas pautas socialmente compartidas regulan el comportamiento de todas las personas, que según las cumplan o no, tendrán sanciones o recompensas sociales. Estos mensajes provienen del sistema educativo, la familia, los medios de comunicación y la religión y tienden a asociar la masculinidad con el poder, la racionalidad y la vida pública y la feminidad con aspectos de la vida privada y la subordinación al hombre. De esta forma se recibe un mensaje androcéntrico, en el que lo masculino tiene más valor que lo femenino.
La socialización enseña la violencia de género mediante la misoginia y las creencias sexistas. El sexismo es un conjunto estructurado de creencias compartidas dentro de una cultura acerca de los atributos que deben poseer los hombres y las mujeres. Se define como una actitud dirigida a las personas en virtud de su pertenencia a un determinado sexo biológico en función del cual se asumen diferentes características y conductas que le corresponden a cada sexo y que describen a hombres y mujeres.
Los estereotipos de género sientan las bases para el desequilibrio de poder que se plantea En la relación de pareja, porque los comportarnientos son regulados por esta normativa cultural que legitima el uso de la fuerza como instrumento de poder. (UNIFEM,2000) Múltiples estudios señalan la vinculación entre los estereotipos rígidos de género y la perpretación de violencia. (Schissel, 2000; Schmidt et al, 2007; Moore et al, 2008)
Hoy en día, debido a los avances que han ocurrido en las últimas épocas, el sexismo se ha reconvertido hacia nuevas formas más encubiertas y sutiles y pasa más inadvertido, pero la realidad es que se sigue caracterizando por un tratamiento desigual hacia las mujeres.
Entre los autores que mejor han estudiado el sexismo se encuentran Glick & Fiske (1997), quienes lo entienden como una construcción social que incluye dos tipos de sexismo: el hostil y el benévolo, y ambos sirven para mantener el patriarcado.
Por otra parte, es un hecho ampliamente estudiado que las actitudes tolerantes hacia la violencia contra las mujeres es uno de los factores de riesgo socioculturales para la ocurrencia de maltrato. Muchos estudios se han llevado a cabo a lo largo de estos años y entre los predictores más importantes de estas actitudes se encuentran el género y las actitudes de rol de género. (Vandello & Cohen, 2008; García-Moreno, OMS, 2005; UNIFEM, 2000, Sanmartín, Farnós, Capel y Molina, 2000; Heise, 1998).
En suma, las creencias sobre los roles de género, sobre la subordinación de las mujeres a los varones, sobre la restricción de los derechos de las mujeres y en apoyo a la dominación masculina están relacionadas con la tendencia a culpabilizar a la víctima, a legitimar las actitudes y comportamientos de los maltratadores y a sostener mitos sobre la violencia de género.
Las justificaciones culturales de la violencia generalmente se desprenden de las ideas tradicionales de los roles que corresponden a los hombres y a las mujeres. Muchas prácticas culturales que implican una fuerte discriminación hacia la mujer, llegando a ocasionar daños físicos, o incluso la muerte son justificadas con normas culturales.
La OPS señala que tienen influencia en los niveles de violencia contra la mujer las normas sociales relacionadas con la vida íntima familiar y con la autoridad masculina sobre las mujeres. Advierte también que la violencia contra la pareja suele alcanzar el punto más alto cuando las mujeres empiezan a desempeñar papeles no tradicionales o entran a formar parte de la fuerza de trabajo.
Los estereotipos de género rígidos aumentan la probabilidad de que el hombre maltrate a la mujer (Heise, 1998) sobre todo si se asocia la masculinidad con características de poder, autoridad y dureza, en las que el honor masculino prevalece sobre los derechos de la mujer .
En muchos países en desarrollo, las mujeres a menudo están de acuerdo con la idea de que los hombres tienen el derecho de disciplinar a sus esposas, si es necesario por la fuerza. Esto se hace evidente en las creencias y estereotipos de rol de género que sostienen muchas mujeres inmigrantes y tiene claras consecuencias negativas en cuanto a la capacidad de estas mujeres para protegerse.
Referencias bibliográficas en la web: PsychINFO Database
Foto: "La madre emigrante" de Dorothea Lange